Thursday, April 3, 2025

De fantasmas inalcanzables


Finalmente, me di cuenta. Quedó algo inconcluso en aquellas aceras. Un suceso, un recuerdo posible-¿quién sabe?-; solo sé que ese espacio cerró sus armaduras y dejó de palpitar, como cuando los barrios callan bajo el sueño, sin partidos de fútbol, sin patadas ni carreras antes del descanso con los refrescos y las risas.

Fue la pereza, tal vez. Un viento septembrino que se escondió solito, unos pasos leves que se trenzaron con la sombra de un ciprés acariciado por la indiferencia. Bajo esa tarde, apenas me di cuenta, pero revoloteó una palabra (no sé cuál). Como si cada sonido supiera, o por lo menos sospechara cómo se nos comprimía la sonrisa que se vuelve indeseable en cualquier otro momento, sin la necesidad de pensar en la esperanza. Sin el reparto debido de culpas por un silencio prolongado.

Sí, la vi, y la dejé pasar para dejarsela al agua, a la salvacion de sus fantasmas que, sin saberlo, habían caminado junto a los míos. Sin arrogancias, pero cuesta abajo en un rato de sal que se parece a los lutos, decidí reposar la respiración de un sueño sin orillas, a veces muy fatigado por ruidos de pájaros y transportes colectivos en el regreso.

Tal vez, el mal es un secreto que nadie oye, que no busca la vida, pero que ataca de madrugada con canciones en un arranque de perfumes y miedo a la sangre. Y después, se vuelve conmovedora la circunstancia que vuelve desde ese ayer metido adentro de las piedras. Se hace pesada, a ratos lenta y se cae sobre la tierra mojada, para contar historias, tal como los cuadernos.

Y, mientras tanto, arriba hay un cielo de color invencible y cuyas ruedas recuerdan al agua que se despierta indefensa imitando al suelo. Después, ese nombre condecorado voló sobre puertas que no se abren, que no se acuerdan del infortunio de cada boca, ni de cuando eran cobijas en forma de invitaciones a la alegría. Hay, pues, un cielo sin intenciones, extraviado entre estatuas de lo que fue. Olores tardíos de la vida común.


Wednesday, August 10, 2022

 

La arena tiene un raro parecido con los sueños, pero no se parece a ninguno de los míos. La arena nace, pero nunca descansa en el mismo lugar. En la arena se nos hunden los pies, pero no la tristeza.

Tuesday, August 9, 2022


En diecisiete años se dan muchos pasos- Me dije en voz baja. Me acerqué como una coincidencia solo para enterarme de cuánto nos dolió el tiempo de ausencia. En esa tierra recordé cómo la arena me ponía bajo el brazo inviernos más quietos, con más libertades y menos miedos. Hubiera preferido que el recuerdo no me golpeara la sangre así, tan fuerte, pero fue mi culpa por no repetirme (a mí mismo) sus episodios de aire. Debí razonar que no hay desprecio válido ante la eficacia del desierto, pero, sobre todo de sus lumbres que sospechan cualquier tristeza.

Uno busca sus recetas contra todo, hasta cuando se tiene todo. Uno se hace sus propios paseos, sus propios perfumes al atardecer para hacer de la luz un hogar echado encima del futuro. Nuevo México me devuelve la simplicidad, la aprieta contra mis manos y sordamente se rehúsa a escuchar mis quejas… es más, me calla la voz, me atrapa los ojos y los mete en objetos simples, donde no cabe la desdicha. Mientras tanto, yo me cuento historias, duermo en el calor y le niego el saludo a la nieve que insulto y que no quiero ver pronto. En resumen, este desierto es más paciente que yo.

 

Mis ojos de antes, más perdidos que atentos, te miraron con luto. Mis pasos me llevaron, pero, ¿qué podía yo hacer? Uno no puede falsear las tristezas ni activar el olvido así de fácil. Mis ojos de antes no sabían de las piedras ni de los vientos enroscados por los árboles. Mis ojos solo se morían durante un par de horas y el resto, ya lo sabes.

 

Ya por aquellos días, que solo le pertenecen al desierto, habíamos olvidado cómo se colocan los aromas que interrogan los pedacitos de nuestra soledad. Entre las ganas de no morirnos y el odio a los inviernos perdimos (quizás) esa curiosidad casi maligna de arrastrar los ojos sobre la arena y mover los labios para probar, entre murmullos, los fantasmas que amanecen con el humo. Nos dimos cuenta, en la prisa de un párpado sonriente de encuentros, que todo estaba allí, intacto y cansado de la misma tierra, que los nombres seguían sumidos en el alivio de no repetirse. Comprendimos, así, el porqué de las rodillas cuando nos descienden a lo elemental de un encuentro con el día que dejamos ir.
—No hables— dije. Mejor deja que me arrepienta… ¿De qué? Pues, del tiempo, del sueño y de esconderme en constelaciones que ya no soporto, que no son mías y ya no quiero.
Ya después, alcé los hombros y pateé una piedra sin razón alguna. Pensé en todo, en el engaño que me aguardaba, en la muchedumbre de quejas y, lo que es peor, en mi necedad de no entender. Por eso, volví a mirar la madera y pensé que otro año regresaría a esa rutina de resucitar los mismos olvidos y enterrarlos al siguiente instante.

Saturday, October 27, 2018

Octubre




Imagina que allí, en medio de una llanura pintada por el temblor de sus hojitas, tu permiso para ser y estar es un paréntesis, una rara concordancia entre una conversación interior y la tarde inclinada, en marcha. Imagina y mírate, así, presenciando el mes los vientos y las lunas (esas que se esconden), rodeado del escándalo que se insinúa con la humedad y una frase recortada. Imagina… sí, y apréndete el extravío de no ser indiferente ante calles sin fondo, esas que huelen al agua que no te toca los pies. Imagina, pues, que ocurriera lo absurdo, cuando algo parecido a lo absurdo ya sucede sin advertencia ni preguntas. Imagina y muerde la última luz con los párpados de tanto observar, recordar, extrañar. Constante. Entiende lo imposible que es ceder ante la insistencia de momentos que corren detrás de otros, amarrados al afecto, con el interés de amontonarte risas entre las manos, por si las necesitaras un día de espantos. Imagina el instinto de recargar palabras cansadas hasta de un saludo necio. Imagina (aunque no puedas) ese aire que no ves, aburrido y meciéndose cien, doscientos, quinientos sábados sobre la misma tierra blanda; mientras tú, pensando en esa oscilación adivinas el precio de un olvido, cada vez menos distante y buscando cuantas salidas existan para no ahogarse en el solemne acto de imaginar.  

Friday, July 14, 2017

El lago



Vine de un lugar distante (diría impecable), donde el desierto es carne roja, o algo así como una muerte repetida, sólida y a ras de suelo. Vine de una tierra hecha de lumbre, de piedras sin agua, que se salva a través de la insistencia y de ventanas invisibles. Dejé atrás (quizás) veinte esperas y trece esquinas que doblan el paisaje en partes, ya de noche, cuando los grillos sanan con lentitud los ruidos que nadie quiere sofocar.

Dejando de lado las causas, (más aún) sus recintos y plazas indiferentes, casi todas circundadas por autos frotando un asfalto vigilante, decidí salir, decidí hacer de mi presencia una huelga contra la arena y (creo que así fue) me metí en la tarde de otras horas, tal vez húmedas y extendidas, pero de explicaciones sordas y sangres desconocidas, posiblemente con el fin de reparar ocurrencias no anticipadas.

-Tal vez- Uno hubiera dejado pasar todo, por lo menos el tiempo, el viento, las sombras, las palabras, pues… Esas conjuradas bajo cualquier mediodía. Quizás (mejor) uno hubiera empujado la lluvia hacia la pobreza del solsticio, lejos del verano, para que, dado el momento, el sol pueda secar las manchas íntimas de todo lo que flota en un pensamiento asombrado de tanta ausencia.
Uno hubiera querido borrar ese instante, cuando el alma encoge los hombros mirando al norte, cuando el olvido es sensato y al recuerdo le cuesta trabajo ser displicente como esos libros que habitan, pero no respiran sus tristezas en verso.

Y heme aquí… Yo, que no sé de pescas ni de espumas, mucho menos de navegaciones… Paso ratos mirando el cielo y un aire sin cerros, buscando las ranuras de una memoria que nunca guardó lagos ni orillas y que, ahora, ve los barcos multiplicarse y mecerse bajo un cielo más viejo que la luna. He aquí mis ojos, los que me traje, remolcando el pasado y creyéndome el sobreviviente de los olores de un desierto rehén y (al mismo tiempo) ahogado en habitaciones que juegan a ser la impaciencia de un tren tardío. 

Friday, April 1, 2016

Ocaso




La última luz, aquella siempre exagerada y en constante desacuerdo con la tarde, con el alfabeto; la que copia todos los contornos antes de meterse en la sombra. Esa luz de operaciones, la que puedo ver aún con los ojos cerrados, promete tantas cosas que no alcanzan a contarse con tan pocos minutos. Para eso no hay mejor remedio que el olvido inmediato.
El cielo de hoy admite toda clase de sueños, cualquier tipo de forma. En su modestia rectangular cabe toda la trama de los elementos y, sin embargo, no alcanza a ser más que un resumen severo de su propia ausencia... ¿Cuándo? Pues, siempre que se trasladan los colores al ámbito del recuerdo, cuando lo hay. Sí, la memoria, un simple juguete, anónimo e invertebrado, que desaloja los jueves de toda esperanza, a gritos de viento y aleteos de pájaros en huida. En este hemisferio no pasa nada. Las horas ruedan como sustantivos sin propósito, sin lenguaje. Bajo la luz, en una tarde cualquiera, uno piensa en mil cosas, en manos que se comen la distancia, en la ligereza de una palabra jamás dicha, nunca articulada; uno medita hasta sobre esos monumentos que edifica el aire, transparente y silencioso. Uno habla con las calles grises porque ya no quedan más exclamaciones que decirle a los relojes, porque se le acaba la tristeza a las nubes, que de pura nostalgia se retuercen y se quedan onduladas viendo pasar el suelo.

Saturday, February 21, 2015

Febrero

Así era la tarde gélida de febrero. Comenzó con el paso de una creencia al miedo por las nubes; del caminar con pasos pequeños a la calamidad de no sentir las manos, de no escuchar los suspiros y en cambio mirarlos. La tarde era una necesidad de no mirar más la ausencia de la luz, era un trámite dormido de las lluvias que se hacen golpes violentos, blancos. La tarde era la intuición, la pregunta bajo cero flotando sobre todas las cosas que se tardan tanto en regresar desde el tibio pasillo de un agosto lejano.

Sunday, May 18, 2014

Niebla

 
A veces viene así, sin aviso previo, como cierto tipo de crimen. Se nos queda en la conciencia, metida e insistente, se hace una verdad traslúcida que, en lugar de flotar, prefiere pasearse entre los charcos, entre las grietas del asfalto y, de pasada, le gusta treparse a las escaleras para que no la vean los vientos que reclaman su préstamo. Es un accidente. Es -quizás- como uno de esos vampiros,... altos, serenos, ésos de los ojos confiados, los que se acuestan y respiran despacito su tercera o cuarta muerte (necesaria si se quiere decir) antes de la huida. Es uno de estos sucesos que viven de la rara sorpresa de abrazar al aire por detrás y desatar en el acto un olor de peces muertos, un aroma de pantano. Es un fenómeno agazapado, al mismo tiempo que, con el apuro a cuestas, roba colores y distancias. Cuando llega su turno, los ánimos se le pasan y al rato ya no le alcanza la carne para apagar los mediodías. Entonces, prefiere caerse y beber la luz regada por todas las aceras. Así, simplemente se cuelga de su propia memoria intentando disuadir al tiempo para que no la deje atrás, a su suerte y a merced del silencio diurno

Wednesday, March 26, 2014

Hielo



 
Caminaron. Caminaron solos cargando el azar de un diluvio ausente, sin raíces ni intereses. A la derecha y lejos de la piedra, trajeron un sueño polar y volvieron como todos los años a vagar sobre el hielo, quizás en busca de un alba llano, sin pánicos que juzguen la rutina; o tal vez intentaron poblar la entraña marginal del agua dura y dividida. Algunos, los más diestros, perforaron la tarde con la complicidad de una adivinanza, de ésas que son severas con los rigores de la física. Otros, afirmaron su malestar con la velocidad de una palabra sorda, mordida una y otra vez en el más absoluto secreto. Casi todos respondieron quedo, como fantasmas, y luego consagraron la ira de un sueño que ya no vuelve a la esquina de la memoria, ya sea por asomo o por darle un tributo a la decencia de desalojar las causas de un invierno obstinado en compartir sus propios sótanos con la luz. Todos de pie y heridos, faltan a sus trabajos, por negligencia o por el cínico placer de comprobar la tensión superficial de las horas que no son como las oficinas. Todos andan lento, conspiran contra el lago, todos se miran sin verse, por lo menos para matar el asombro de no encontrarse hundidos en las grietas, en los montones de una sola pregunta: ¿Cuándo llegará la primavera?

 

Friday, February 28, 2014

Frío

 
De aquí hasta donde alcanza la tarde, la luz se despedaza sobre piedras que no tienen el color de las piedras. Todo es blanco y no quiere cambiar ni de nombre. En Ohio, las nubes tienen miedo de irse bajo el riesgo de que el gris se haga primavera en un parpadeo porque (supuestamente) aún no es tiempo. Todavía es febrero y el aire, siempre amenazante, apunta a los lados del calendario para confirmar que aún no se va el frío, para no arrepentirse cuando las palabras ya no sepan a frío mezclado con diesel. Mientras tanto, el sol muere como adolescente, se va a diario temprano, a empujones y vacío. Así es cada noche, un descanso de charcos sólidos, líneas de luces mercuriales tiritando, una muerte repetida sin polvo y esperando la oportunidad de soñar con vampiros volando hacia las sombras que proyecta la sangre brotando del poniente.

Monday, February 10, 2014

Luna sola

Encuentre la luna y llévesela a casa. Llévesela entre las sienes, si quiere, pero no la deje así, tan sola y terrenal. No vaya a ser que en un descuido, se la robe la niebla a punta de tangentes, tomándola de la cintura. Salve esa luna inclinada sobre las ramas para que la noche no la rompa y que, después, deje sus pedacitos regados en un puente de nubes ausentes. No olvide que la luna tiene una lengua enredada en los hastíos cotidianos, después de tanto perseguir el horizonte. Sí; la luna de gritos y humos; es ella la que aulla y se esconde en los cerros que se tragan los pájaros, los tornados perfumados de primavera. Cuando por fin la tenga, recuerde cerrar la ventana y, así, todos sus miedos no serán más que sombras plateadas, como mariposas jugando a pintar la madrugada.

Saturday, January 25, 2014

El Túnel

Avancé por el túnel. Ahí estaba. Quieto, profundo y al mismo tiempo atareado. Era un punto herido, un examen quizás de luz que expulsaba de las paredes cualquier sombra. Me di cuenta, asimismo, que las palabras habituales se me hicieron, más que fieras, lejanas, al grado que sentí en la memoria esa obligación de empujar aromas -acaso sonidos- contra mis pesadillas, hacia el fondo, para que durmieran en su destino, que es lo mismo que un cuaderno manchado de rumores, sin historias. Para mi gran sorpresa, el final del túnel jamás llegó. En cambio, me miró su curvatura y la distancia fue una alegoría inalcanzable que en un segundo se apagó en secreto. Creo que en ese mismo momento, sus formas y sus voces matutinas se olvidaron de mí y de lo que fui, una de tantas casualidades que se hacen ausencias.

Thursday, January 2, 2014

Otoño- Invierno

Por si nadie se acuerda, hubo un tiempo escondido detrás de una, de dos, tres y las otras nevadas, antes de que éstas formaran ese inmenso lomo de incomodidades. Hubo un momento de hojas flotando irregulares al atardecer como sequías de colores, cuando el frío disimulaba sus embestidas en madrugadas anaranjadas y más tempranas que cualquier aroma. Pero ese septiembre (quizás), ese octubre avergonzado por los días, por las palabras y sus peleas cotidianas, se cansó de sus luces y se inclinó sobre una almohada blanca rellena con los misterios de algún recuerdo que se aparta más y más de cualquier creencia, de toda calle transitada. Ese tiempo, ese suceso, tal vez rehén de su propia transparencia, es ahora un punto que a la distancia recuenta sus minutos horadados por el luto del presente que se niega también a perdudar.

Tuesday, December 3, 2013

Noviembre

Al día siguiente, una vez que pasó la tormenta, los pájaros no comprendían (o parecían no comprender) absolutamente nada. Ignoraban acaso la causa de ese gran delirio, la fuente de ese deseo inevitable de aletear con furia hasta entenderse con el caos. No entendían por qué la tierra y sus segundos eran tan severamente inconsistentes con todo, excepto con la agonía gris que se estacionó en las ramas quietas. No aprendieron -o no quisieron aprender- que la tarde no sólo es congénita del tiempo, sino asimismo antípoda de una sombra que duerme lejos, más allá del poder de una curvatura afiliada a la distancia.
 

Al final, aturdida e inexpicable, justo antes de replegar su ejército de alas, la bandada prefirió conjurar vuelos memorables y, así, blindar con golpeteos el aire cada vez más frío, cada vez más pesado, con olor a invierno. En desdichada espiral, pudieron imitar la combustión compleja que se disfraza con palidez de las nubes vespertinas. Sus alas fueron relojes de negras manecillas percutiendo los números y el diálogo entre leyes mudas que nadie comprende.
 

Su gran tragedia (o fortuna) fue que no supieron cómo las palabras, una vez extenuadas de tanto articularse a deshoras, se hicieron mitos para que, después, esos mismos mitos se parecieran a las palabras, pero lejanas al fracaso que late como significado perdido. Yo, protegido en la calidez, desde mi ventana, sólo pude echar a andar mis propias contradicciones, quizás más parecidas a la indiferencia, y que se mezclaron con un olor a libro viejo, en cuyas páginas maltratadas se relataba -sin imágenes- la súbita intrusión de un montón de pájaros que manchaba el cielo una tarde cualquiera de noviembre.

Saturday, October 19, 2013

Corn

Dijo don Miguel Ángel. "La tierra cae soñando de las estrellas, pero despierta en las que fueron montañas...". Lo malo es que aquí no hubo montañas donde caer, ni modo de escaparse del sueño que abraza las planicies envejecidas por tantos vientos grises bajando desde el norte. Si se cae la claridad aquí, pues no es culpa de nadie; pero el invierno llegará a exigir un recuento de hojas e insectos y para entonces, la sombra ya nos habrá hecho un andamio de excusas para responder lo que sea.

Octubre



Hasta donde se lo permitió la certeza, habitó algo así como un recuerdo y que, a la vez, era casi una alegría. Y en ese espacio, todas las tardes, entre la veracidad de una luna ausente y un hilo infinito de callejuelas, le dio por regresar a las seis para encontrar detrás de su puerta los dominios de una alfombra durmiendo profunda y sola, sin religión, sin aire. Sucede –pensó-, que ya no es suficiente pensar, que no basta con caminar por una acera tapizada de sílabas y ayeres para llegar a una ventana, mientras que un mundo se pierde lentamente, pedazo a pedazo, hasta que se le acaben los fantasmas simples de la lluvia.

Hubo momentos en los que no recordó ni su existencia, cuyo abrazo siempre olía a la asfixia que provoca el viento que suele arder irremediablemente al oeste. Después fue peor; olvidó la hora, sus minutos y sólo supo que quedaron frente a sus ojos –danzantes y serenos- los sauces rumbo al lago compartiendo su sangre silenciosa y sus manos sin odio. Más tarde afirmó. –Curioso, juraría haber estado aquí antes, en otro tiempo, como cuando mis ojos se encaminan a pisar la hojarasca de octubre, aunque no sea octubre ni los pájaros callen-. Finalmente, quedó al filo de sus propias conclusiones y una llamada telefónica le trajo algo más que los versos de un sábado sin estrellas. Le dio, en cambio, una casa, sus rumores matutinos de café con voces radiofónicas y una razón para desconocer las cosas. Todo para nunca abandonar la perplejidad ante todo lo que atrapan los párpados muchísimos años antes de morir.

Friday, June 28, 2013

La muerte y el humo



Lo que no se suele decir sobre la muerte es que a diario arranca a toda marcha desde el oeste, usualmente sin los clásicos avisos de la sed a la orilla del camino. De modo vertiginoso, arranca de su sitio todo lo que encuentra: desiertos, armarios, cerros y caminatas… aguas dormidas, trozos de cielo que le quedan a la luz y, justo antes del sueño y de que millones de ojos intenten arrinconar toda la angustia detrás de las sombras, esta muerte, angustiada y silenciosa, le da un golpe letal y un tanto irritante a esos sonidos que ya no encuentran el mar ni en sueños. Personalmente, creo que a uno no le queda otra salida que vencer el temblor, sacar las manos y rodear las cosas de relatos para que no mueran con el día, para que no vean ni sientan el fracaso de la sangre en cada parpadeo del polvo -de por sí ya cansado-. Aquello que nació con las horas espera, espera hasta que una larga mueca de los huesos se duerme en el extremo donde se tropieza el ocaso. La tarde es así, como el sacrificio. Es así porque es el último palmo de un deseo prolongado por un crimen imperfecto que no tiene origen y que, como el humo, no se apaga, sino que se convierte tan sólo en una ceguera del habla o, bien, en el sentido escondido de lo que uno quiere que permanezca perdido. Uno inventa sus propias puertas para cerrarlas con la rara esperanza de que aparezca un par de golpecillos al día siguiente y así creer que en este juego de nombrar la propia muerte hay un propósito constante.

Tuesday, May 28, 2013

Taraxacum




Hace una semana las vi, por encima de su rutina asfixiada de polen, como si estuvieran riendo de saber que morirían recién nacidas. Se les metió esa loca idea de salir por los senderos. Su desfile era parte de ese gesto desafiante de no creer ni en el verano ni en los desenfrenados vientos que le arrancan el sol al Midwest por la tarde. Vivieron, se quedaron por un breve lapso y, finalmente, quién sabe que les pasó. Posiblemente, se repartieron una llovizna como si fueran un hotel de calamidades y rezaron su rosario de secuestros, uno por uno. Ahora, ya no les quedan ni los amaneceres. Solamente se dedicaron a apretar las semillas hasta que fue imposible y, como en cada ciclo, explotaron como el llanto cuando llega el cansancio. Así, echaron un rumor sobre la luna llena; nomás por el puro placer de mirarse al espejo de frente y perfil.