Hace una semana las
vi, por encima de su rutina asfixiada de polen, como si estuvieran riendo de
saber que morirían recién nacidas. Se les metió esa loca idea de salir por los senderos.
Su desfile era parte de ese gesto desafiante de no creer ni en el verano ni en
los desenfrenados vientos que le arrancan el sol al Midwest por la tarde. Vivieron,
se quedaron por un breve lapso y, finalmente, quién sabe que les pasó. Posiblemente,
se repartieron una llovizna como si fueran un hotel de calamidades y rezaron su
rosario de secuestros, uno por uno. Ahora, ya no les quedan ni los amaneceres.
Solamente se dedicaron a apretar las semillas hasta que fue imposible y, como
en cada ciclo, explotaron como el llanto cuando llega el cansancio. Así, echaron
un rumor sobre la luna llena; nomás por el puro placer de mirarse al espejo de
frente y perfil.
Tuesday, May 28, 2013
Sunday, January 6, 2013
La Ciudad
Me gustaba merodear esa ciudad bajo pretextos
más puntuales que insuficientes, especialmente cuando ya no me bastaba
la penumbra del dormitorio para disuadir a los problemas habituales que
acechan la soledad cotidiana de un cuaderno. Me gustaba
salir y verla así, hundida en esas suavidades de piano que se enredan
entre columnas y ventanas; profeirle preguntas angulares con los ojos y
después cerrarlos para capturar la experiencia bajo los párpados. Me
agradaba ser testigo de sus dramas vespertinos, sus llantos en forma de
lluvia y, en ocasiones, de sus ceremonias lineales que parecían no
terminar nunca. A veces, se me ocurría caminar, reducido entre sombras
de humo, y no parar hasta verla de espaldas, y en una de sus
negligencias sentir que me volvía invisible detrás de los clubes, de las
tiendas, junto a la complicidad del concreto. Cierto día debí
convencerme que aun la observación más insensata tiene sus límites y que
cualquier caminata es una lucha contra reloj, pero sobre todo, contra
el odio de perderla para siempre. De cualquier manera, creo que esa
ciudad, cansada de mi propósito, lavó mis pasos hace mucho tiempo y
ahora seduce a otros con la misma novedad de antes, de siempre.
Thursday, December 20, 2012
Lugar
Hay
un lugar donde las piedras son un ejército de puertas cerradas y la
impaciencia es una noche parecida a un lustro. Allí las hojas sueñan a
no caer como profecías, sino a morar la posteridad de una espera en
silencio. Sí… ese lugar espera, espera y espera. Se comunica sin
escrituras y se desangra en esos juegos dóciles, a través de esas
búsquedas que inspiran el temor del mundo físico, aunque sea
en blanco y negro. Se trata de un sitio donde una semana es un halago y
la opresión de la luz es el principio de todo cambio, a veces
deplorable, en ocasiones necesario… Los días son tan largos como pueden
ser y se llenan de meditaciones que lleva a cabo el tiempo para matar
lo vivo y revivir lo muerto, siempre y cuando el agua haga su labor
resolutiva de los otoños.
De
pronto, dijo que todo era intolerable, que no le importaba más aquella
manera malvada e infantil (lenta la mayoría de las veces) de sentarse a
esperar. Dijo que el tiempo nunca juega limpio y que cuando arrecia la
lluvia las gotas le picotean los pensamientos como preguntas
inconclusas. Tal vez se hartó de esa humedad a la que no le basta
quedarse en los cabellos y los hombros; quizás ese periódico
no fue un refugio eficiente para seguir aguardando un poco más.
Realmente la furia se notaba porque, en primer lugar, la tarde se había
desparramado y ni la niebla pudo salvar la luz de todos los silencios ni
del recio apretón de no escuchar. Miró hacia allá y hacia el otro lado;
quiso sacar un cigarrillo, pero recordó que ya no fumaba más. Solamente
se acordó de la ausencia y de ese trozo de infamia al final de cada
día. Finalmente comprendió la forma de un odio en repetición y dijo que
no hay cosa peor que las discusiones anónimas, sin más testigos que
hojas muertas; dijo que los llantos, los chismes y los dedos para contar
las horas habían llegado hasta el límite, y que, como el agua, toda
súplica se resbalaría hacia la nada a dormir con el otoño.
Epílogo
Como
suele suceder en la última página de un relato común, acaso deficiente,
la tarde había declarado que en los límites de esa bahía boreal y gris,
la luz vespertina (antes abundante y generosa) había muerto de una
necesidad oblicua de borrar, uno a uno, los árboles que del parque a los
cerros se desmoronan a la vista pública, con tal de dejar al tiempo en
sana paz.
Ese otoño, aquel memorable evento de lunas, cuando la incomodidad de manos escondidas se vuelve rutina, cuando esa sociedad de hojas cansadas persiste en su humedad y en su intento de refugiarse sobre las aceras sin más pasos que los propios… Al final, tan sólo quedaron despojos, rumores enredados en fotografías, y quizás ese vértigo inusual causado por las percusiones de una llovizna que se hunde en la tundra abandonada por un sol escondido o más bien durmiente. Los pedacitos del otoño ya no son suficientes; ya no atormentan ni un solo horario, pero en cambio palidecen como el fantasma de una confesión a destiempo.
Ese otoño, aquel memorable evento de lunas, cuando la incomodidad de manos escondidas se vuelve rutina, cuando esa sociedad de hojas cansadas persiste en su humedad y en su intento de refugiarse sobre las aceras sin más pasos que los propios… Al final, tan sólo quedaron despojos, rumores enredados en fotografías, y quizás ese vértigo inusual causado por las percusiones de una llovizna que se hunde en la tundra abandonada por un sol escondido o más bien durmiente. Los pedacitos del otoño ya no son suficientes; ya no atormentan ni un solo horario, pero en cambio palidecen como el fantasma de una confesión a destiempo.
Plano
A
veces es mejor no saber lo que es el olvido. Mientras que el sol se
movió con esa lentitud que no conoce terregales, no hubo una sola queja
rodando por esas planicies. Pero parece que alguien se acordó que la
madera no es perenne y, aún así, no quiso saber nada sobre tornados y
humedades que se quiebran al amanecer. En Ohio, el viento trabaja como
las conversaciones en voz baja, durmiendo los objetos antes de
romperlos, antes de perforar paredes. Esta tarde, no fui capaz ni de
encontrar la raíz de los ruidos de ese tiempo que se cansa de su propia
caminata.
La
voz del pasado dijo: "Llegará un día cuando nadie mire ni un solo
viento cargado de soles, cuando se arrastre la luz para treparse a un
cielo azul y ajeno... Ya habrá tiempo para que la tierra, las aguas y el
recuerdo se repongan de tantos días sin descanso, y las paredes se
manchen de silencio como si murieran de ese frío apretado que batalla
para despedirse. Usted, sin asomarse, verá cómo en un amanecer
cualquiera, el tiempo quedará colgado como cuadro amarillento; nomás
espere a que la noche nos muerda con todas sus casualidades
imborrables"... El resto, fue cuestión de esperar a que los remolinos se
escondieran entre sombras muertas de sed.
Me
acordé que en tardes como ésta, a la luz de las cinco –usualmente
invadida de ese compromiso con la memoria- le sobran paredes por donde
trepar sus añoranzas por un solsticio que no tarda en caer, y por esa
razón no pude objetar la razón oblicua de su estancia. Creo que comenzó
la tarde como todas y el horizonte repitió su indiscutible propósito de
enterrarse como súplica bajo el peso del cielo
para no sangrar más sombras. Esta vez ya no hubo cerros para encerrar
el polvo y al amparo de ruidos ausentes se fueron a descansar todas las
respiraciones, lentamente, caminando y encogiéndose de hombros. Mi
ventana se quedó sola, sola y alumbrada como charco. Yo mientras tanto,
vi el día morirse como milagro y arrimé una silla que con imprecisa
solidaridad me acompaño en esa conversación con el insomnio de las horas
postreras.
En
algún momento -imposible saber cuál-, renunciamos a la obligación de
escuchar los relojes, y en cambio permanecemos amparados en la plena
necesidad de subsistir, o más bien perduramos bajo la excusa, a veces
sobrenatural, de seguir el rastro de nuestros recuerdos más
incomprensibles. Llámese diversión o necesidad; las preguntas se
multiplican como las declaraciones contradictorias de un consenso
imaginario, a lo largo de distancias desconocidas. Posiblemente, la
madera sea la frontera primera, aunque no última, de todos aquellos
nombres pronunciados, invocados casi por casualidad a través de los años
grises. Es probable que hasta el frío abandone su firme propósito de
recorrer sus días y de forma unánime se duerma en un gesto tan
definitivo, tan incorregible como el olvido, en este drama natural del
Medio Oeste.
Tuesday, July 31, 2012
Ocaso en julio
Thursday, June 14, 2012
… Y apareció así, sutil y melancólico. Por un momento el azul fue una animación natural de su propia advertencia; algo así como la tolerancia hacia un brillo discreto, pero siempre entendiendo que en su propio prólogo ya no hay espacio para más adjetivos, ni necesidad del comentario final. El paisaje, tan breve como infinito, tomó la forma de un espíritu ahogado en aquellos años, cuando la escritura pendía de la agitación secreta (a veces convulsa) de un intento a prueba de oscuridades. Mientras tanto, yo, como pude llegué, casi evasivo, a ratificar la incomprensión, o más bien, a derramar la sangre de un mito que ya no se repite y, peor aún, se le ha olvidado hasta al insomnio de incontables explicaciones. Llegué y borré con cautela mis huellas de ese mapa incoloro.
Saturday, March 31, 2012
Me es difícil
precisar fronteras, pero a esta hora la luz parece el eco de una diezmada
minoría que al huir despavorida imita las despedidas de un tiempo desarticulado
por el caos de cientos de ojos cerrados. Mientras tanto, se cierran una a una
las puertas (casi rotas) que se entregan a ese intercambio desigual entre la
sombra y la prisa en pleno horror vespertino. Este –no sé cómo llamarlo- raro
culto de plasmar fragmentos de cielo es la muerte de un símbolo sordo que se
desintegra en historias secretas, posiblemente falsas; es quizá un sueño que se
siembra a ras de nubes como un engaño, o mejor dicho, como una melodía de invenciones condenadas a borrar palabras de
un cuaderno durmiendo bajo la mirada implacable de la lluvia. Con un ansia
agotada el horizonte se torna ondulante y renuncia al humo, a la música y a la
anticipación de sus propias madrugadas... Tal y como si se tratase de un mundo
anónimo, en un minuto se perdió el orden, el propósito y se fue a dormir la
advertencia que dan las ciudades a punto de abandonar el ruido y la
conversación. Al final, esta ciudad no
sabe a qué hora llega la lluvia, pero no ignora que a marzo se le ha ido la
luna, y por eso es hora de encender un relato nuevo.
A
esa hora pensé que el mundo ya no tenía más misterios; creí que los
accidentes de un tiempo terrenal ya saboreaban los olores de una
oscuridad agachada y sin rasguños. Definitivamente no... la misma sangre
que cierra las esquinas como soluciones, apuró el desvanecimiento de
todos los detalles que creía memorizados. Me di cuenta (entonces) que el
ocaso no es más que una burla acerca de todo, una travesura de
cristales previa al anochecer, y por eso nadie se queja de cómo caen sus
colores mientras sube el odio por la noche en marcha.
Fue
a mitad del cielo (aproximadamente). Habría querido que se agachara el
sol en ese momento... Sí, habría preferido que la tarde cóncava
encontrara otro sendero hacia una fiebre boreal repleta de esos gritos
azules que guarda el aire. Pero éste no fue el ritual de despedidas que
se estaciona en el poniente. Éste fue, en cambio, un homenaje simple y
ocioso a las onomatopeyas del viento ahogándose entre las hojas anónimas
del nuevo mes, delcalzo y elemental. En esta ocasión la vejez no durmió
sobre sus colores como la evidencia del final antes de dormir.
Thursday, January 12, 2012
Noche
Se podría pensar
que las circunstancias son lo que se puede ver, pero las incesantes páginas de
esta historia rebasan la simple gesticulación de lo aparente: el aire
colgándose de la noche invernal, el agua bajando sigilosa por los tejados
brillantes, ese frío que esconde la neblina y el sonido común de la medianoche
saludando. La trampa inútil de un instante engaña al resto del mundo como lo
hace la dicción fingida de una estrofa que se ha brincado el escrutinio del
silencio y se niega a la relectura.
Sucede que, como
ruego, evocamos las formas de un mundo impostor, y la escritura de ese mundo es
una galería de sombras o tal vez fantasmas que cantan letanías ilegibles aun
para la memoria. Uno no está obligado a entender la torpeza de una imagen,
detrás de la cual se puede ocultar la lluvia, el frío y aun quizás la invención
de la congoja infinita. Pero hasta en la más grande severidad se aburre el
universo de sus ciclos y de la colaboración constante de los minutos. Conclusión:
La muerte es un sueño inconcluso, cuyo secreto no ha sido revelado.
Thursday, December 22, 2011
Coincidencia.
La perfección es un espectáculo decembrino, a veces tan certero como una advertencia. El suspiro de un ángulo impaciente hubiera roto esa afirmación inequívoca que articula la coincidencia, pero por alguna razón manchada por lo insólito no acudió la calamidad al llamado y (en esta ocasión) la gracia estuvo del lado de un espectador a ras de suelo. Por un momento sonrió, casi victorioso, porque no le fue arrebatada la imagen precisa, porque en un segundo secuestró esa escena donde se arremolinan las fuerzas invisibles y la espera de todo instante hablando en voz baja como el azar. Lo que pudo parecer dominio del asombro, tomó la forma del orden cuando la tarde ya sentía la obligación de resbalarse cuesta abajo hacia el oeste. De cualquier modo, la verticalidad fue ese gesto interino que, al mismo tiempo, quedó sumergido en el tiempo para disfrazarse de algo parecido a la posteridad… Así durmió aquel pequeño residuo de otoño, encogido y solo en una grieta que, sin embargo, tampoco negará alojamiento a la humedad boreal que ya tienen prevista las tardes de otro mes.
Wednesday, November 23, 2011
Casi no recuerdo el
resto de la historia… recuerdo trozos de frases rodando como nubes por encima, pero
también la inmensa indiferencia del mundo. A ratos me llegan imágenes que
desfilan a paso lento… sonrisas, callejones, andenes y hasta esos muros que no
tienen edad ni origen. No hubo tiempo ni adornos para cada narración, por eso
se detuvieron mis pensamientos, para conocer todo aquello que tomó el lugar de
un recuerdo, aún cuando ya no recuerdo más de lo que ignoro. Quizá sólo recuerdo
ese campo tapizado de puntos y comas, un espacio realmente fatigado en el fondo
de sus preguntas, sin la menor idea de cómo traducir sus límites, sin el menor
asomo de ser más que un instante de mala memoria y, sobre todo, de poco
entendimiento. Quería abrir la marcha de ese alfabeto que busca como usurero amasar
y repetir sus propias obligaciones para maquillarlas de fortuna; pero, como dije,
no recuerdo mucho… De todos modos, ya sabía que nadie contaría esta historia
escondida detrás de todas las debilidades posibles. Olvidé casi todo… los
golpes en la puerta, los amaneceres del frío intenso, las sombras legitimando
una oscuridad sin formas; olvidé hasta la sorpresa de no recordar y la urgencia
de borrar hasta el olvido. Olvidé para que el silencio gravitara sobre esas
pausas que regala la novedad y, sí… lo olvidé también, porque como dije, mitad
otro, mitad yo, el enemigo que aún soy, casi no recuerdo lo demás.
Thursday, October 27, 2011

El día de hoy fue más enjuto que el resto, por no decir que más sombrío. No sé si por los vientos que se apresuran, o tal vez porque los árboles parecen estar hechos de tristeza, como marea fundada por fantasmas amarillos, pensantes… Supongo que a las hojas, como a las frases, les llega un instante de gangrena y, entonces, se les cae una humedad -nunca sola- para convertirse en una semana de cansancio. Aquí, como no hay ciudades, no hay pecados ni ignorancias que valgan el sacrificio de no creerse inmortal. Hay, sin embargo, eventos, ciclos, nombres e instantes que el tiempo prohíbe en nombre de lo que no se dice en escrituras. Mi afán de entender ese lenguaje es incauto y la luz insuficiente, pero así es la eternidad de una tarde que camina hacia la necesidad de no ser rehén azul de un sueño; así es cada uno de mis pensamientos a destiempo por no calcular los solsticios. Todo es así: La lluvia, la niebla, el frío, los pájaros migrando… todo existe bajo sospecha.
Monday, October 17, 2011
Sueño...

Quizás en uno de esos sueños remotos del pasado pude verlas, tan nítidas y sólidas como la rutina misma. De cualquier manera, me parece que hoy en día sólo quedan rastros de esos sueños que no alcanzan ni a insinuar los ecos de su propia brevedad. No lo sé, pero si hubiera tenido la pregunta adecuada, tal vez tendría hoy una certeza unánime a la cual rendirle culto, en lugar de preguntarme constantemente lo mismo... ¿qué fue primero? ¿acaso la imagen o ese sueño que ya no sueño?
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