Friday, April 15, 2011
Thursday, March 10, 2011
Ventana

Creí escuchar el fragmento de un eco que permanecía sentado junto a la ventana. Pensé que en su raro zumbido cabalgaba una frase como todas las que solía oír antes de la siesta, cuando los talleres cesaban sus sinfonías de cigarra y se dormía el calor de puro cansancio… en esos momentos de tanto sol que nadie suele pensar ni siquiera en noticieros de las tres, agotados y solos.
Juré por un momento que esa misma ventana también me traía de nuevo una solemne lluvia que se escurría como vida, creciendo en las aceras y ablandando mis caminatas por el patio con olor a ladrillo. Después de eso, recordé… sí, recordé cómo un ejército de noches me sorprendía mientras hacía conjuros que ya no recuerdo o más bien desconozco. Sólo viene a mi memoria un gran derrame de estrellas envolviendo la quietud de los tejados y alguna que otra sombra de gato, y yo buscando la razón de un viaje al norte de ida y vuelta.
Sé que la historia puede cobrar la forma de un murmullo inteligente, pero quizás necesito encontrar de nuevo ese eco a diario para justificar una tarde cualquiera de escritura, o más bien para escribir cualquier justificación de esa y muchas tardes, del resto de las noches que se han ido a mi sótano personal. La arena y el tiempo son cómplices silenciosos que no perdonan un parpadeo y en el instante menos pensado se roban todo con la misma mano con la que cierran puertas que en ese mismo instante han dejado de existir.
Porque a veces no sé quién miente, si el presente que filtra olores y temperaturas, o acaso el pasado que aún duerme como niño sollozando en la completa negación. Hubo tantas versiones de esta misma ventana que mi sorpresa yace en un punto equidistante entre el recuerdo y algo parecido al olvido que habla como fantasma.
Thursday, March 3, 2011
Tarde
Thursday, November 18, 2010
La nieve

En esa confesión admití, con palabras parecidas al mármol, que el volumen definitivo de mi historia no sería otra cosa que un silencio de nieves tardías y milagros absolutos tratando de reconstruir árboles para más tarde, para ese tiempo en que se gasta la distancia mientras todo se esconde entre la amargura de los cerros y sus antiguos sueños de luz. Me pregunté el porqué de tantas ausencias, y una cruda obviedad me dejó con las manos en forma de esos relojes ondulantes que duermen en la desdicha de creerse en marcha. En medio de esa fiesta de frases, pensé en que la nieve no tiene medidas ni registros que escondan su poder cotidiano de amortiguar cada noche cayendo de forma inevitable. Mi confesión, o más bien profecía, trata de un instante que se encoje como patio, y que no regresa a la simpleza de su origen quizás porque ya lo ha olvidado.
Thursday, November 4, 2010
Cementerio en zona prohibida.

Los muertos, los aparentemente inamovibles, se descuelgan a ratos de sus sueños rígidos y se congregan ajenos al control de ese silencio mágico que los distrae de estas paredes de aire. Juegan a no estar muertos y a perderse en el bosquejo de las cosas que llamamos ficciones cotidianas, más tibias que una ventana vespertina. En un símbolo o en la distancia encuentran la raíz de una necesidad que más bien parece superstición, para así desempañar la memoria de un tiempo que sigue celebrando cielos y ocasos. En ese gesto de resistencia, es cuando los muertos se estacionan en lugares prohibidos y, por ello, deben ser remolcados de vuelta a sus guaridas sombrías, ésas que no expiran a pesar de no tener monedas.
Thursday, July 29, 2010
Caso número 467

Árbol que, motivado a realizar un supuesto sacrificio para eclipsar la luna, fue seducido por los bordes de esa luz intacta, sin mucha dificultad. Felicito a esta luna por su enésimo triunfo sobre el mundo... y a este incauto árbol le dedico un trago de Scotch por su error insignificante entre todos los que he hecho. El crimen fue más bien una consecuencia del aburrimiento que siente la noche cuando no hay lluvia y se diluyen los insectos de las aceras.
Saturday, July 10, 2010
Montaña
La lejanía y la furia me la dibujaron aquel día de marzo. Ahí estaba, quieta y prolongada. No se me apareció con la soberbia ni la astronomía, sino más bien con el leve aleteo de una llovizna tardía que convoca un enrejado de humo parecido a las nubes. No dije nada. Callé como cuando enmudece una ausencia y (aún) me maldigo por ese maldito silencio de arena. Esta ahí, postrada y marmórea, flexionando sus rodillas invisibles para recoger sus restos regados por una planicie inmune a sus caprichos tectónicos… pero ¿qué fue sino un parpadeo? ¿qué fue sino un instante sin conjugaciones? Más cubierta por el odio que por nieve se quiso esconder entre las curvas y mi ceguera, pero la alcanzó un disparo certero que hace las cosas infinitas.
La tarde se hizo un puñado de atrasos, se tradujo en un par de triunfos baratos de un tiempo que muere a diario. La miré de otra forma y fui testigo de su desmoronamiento. Buscando reemplazarla busqué otro cielo, otras líneas. Busqué una tregua en el oriente, pero ese horizonte cóncavo e insolente me dio la espalda y me invadió de rencores como cristales pariendo sombras. Aquel espacio azul se hizo un borroso diccionario de perspectivas que contaban mentira tras mentira, y yo seguía callando, solemne y seco. Volví los ojos hacia aquel borroso montón de escarcha y seguí mirando hasta que los kilómetros me lo arrebataron, tramo a tramo, y finalmente bajo la ejecución trivial de una gasolinera. Seguí rodando en una venganza plural que en un segundo se hizo olvido.
Thursday, May 20, 2010
Conjeturas breves

No, las frases no se suicidan bajo cualquier desencanto. Los jueves tienen esa extraña hermandad con los fines de semana, cuando los planes y las descripciones no bastan para llenar la curiosidad, como los ángulos que se filtran para pintar una ciudad hundida en el asombro. Somos anónimos y somos el quebranto de lo que no se escucha a diario. Entonces ¿dónde yace el ánimo de los segundos que nos conducen al extravío de sabernos vivos? ¿Cuántas auroras se destiñen a diario para mantener las razones de un sacrificio sin principio ni fin? La eternidad se puede cantar a través de un puñado de endechas, pero los astros, silenciosos y de impenetrable brillo, se escapan constante de toda letra, de todo todo recorrido sintáctico. La zozobra de una explicación es la puerta que detiene el tránsito de ese canto, de toda hazaña propuesta por el tiempo. Porque hay manos que no paran de escribir bajo la blancura manchada de una lámpara que se niega a dormir cuando todos han callado sus anhelos cotidianos. No sé... quizás es el todo, tal vez la nada, o podría ser que el cansancio se ha pluralizado, se ha repetido en todos los cansancios como ecos que merodean patios solos, como inquietudes que desangran el poniente de tantas embestidas, de infinitos colores que parecen frases.
Monday, February 8, 2010
Sin título
Well back home are no floods or tornados
Baby and the sun shines every day –S.R.V.-
Cuando dijo aquellas palabras, ya era demasiado tarde. La noche ya había inventado una alcoba con tantas sombras que, cuando menos lo pensé, los cuerpos se habían borrado irremediablemente. Quedó exhausta la cama, y en la mesa de al lado, un cigarrillo agonizaba dibujando rizos con un suspiro de humo que se enredaba como brazo inquieto en la lámpara dormida. Stevie RayVaughan nos calló durante cinco minutos y veinte segundos atestiguando un ritual de pensamientos posteriores a los ruidos y a la humedad compartida. En ese momento, supe que sólo había lugar para el “bending” de esa prodigiosa guitarra, como los ecos de ese ansioso sexo transitando la media luz hasta apagarse.
Es cierto, era tarde, pero ella me lo dijo, no sin antes oír mis quebrantos, mis quejas por el tiempo y la distancia. Aunque ella lo detestaba, tuvo que repasar –de nuevo- mis diseños de tardes y madrugadas en antepospretérito, mis cuentos desfasados por el olvido de ambos, acerca de amantes perseguidos por la luz diurna para no ser vistos invadiendo moteles, siempre con esa premura con la que las manos se hacen furiosos puños al devorar sábanas tibias... Me oyó sin escucharme. Miró las yemas de mis dedos para buscar algo más que su propia piel, para mucho más que reconocer el aroma de su cabello ahora revuelto.
El reloj traicionó la posibilidad de un epílogo prolongado. Cada quien forcejeó con su ropa, pero sobre todo con la disyuntiva situada entre la razón y el sincero deseo de recuperar cada pieza. La vi voltear hacia la cama, y entre sus labios se asomó un suspiro que me quitó la soledad por un instante. La sentí tan mía, que antes de dirigirme a la puerta se me escapó la mano del bolsillo para resistirme a la despedida. Quise decir algo... no sé, cualquier cosa. Lo sabía, era muy tarde; pero ella me dijo “shhhhhhh”... y entonces supe que ésta era una de estas historias, pero sin ninguno de esos signos de puntuación que cortan con su monotonía el placer elemental.
Friday, November 6, 2009
Hambre

Quiso correr por ese plantío donde las huellas del odio y la cafeína convergen en la eterna disputa por el horizonte. Miró la maldita urbe tragarse los perros callejeros en el instante previo de su propia muerte cargada de monotonía y caucho rechinante. Respiró la incandescencia de todos sus monstruos, con sus suspiros roncos de seis cilindros, aguardando por la timidez del reloj en plena celebración de su mecánica inútil. Miró su ropa y constató cómo se le cayó el nombre con todo y alma, como divulgaciones de un mundo criminal sin treguas ni descuentos por la venganza. Se vio arrastrando sus ojos como arenas desérticas sobre las aceras sin dominio, bajo la habitual parálisis del sol humeante. Se creyó cansado, mas se pensó ileso del océano de gargantas dialogando con teléfonos móviles. Eran ya las cinco y sus manos de escoba estaban más vacías que ese martirio taladrándole las entrañas. Nada ahí… nada acá tampoco… su sangre alcalina perdía la batalla de los golpes ardientes que el cuello atrapa, pero que nadie escucha en el tráfico de la nada. Sus pies de tierra hicieron de la tarde un indestructible acecho con el ritmo de los barrios violentos y la paciencia de las dunas sonrientes por otro muerto más bajo las mismas estocadas invisibles que da la negación. Llegó la noche y él se intuía preso aún de sus andanzas, de su cuerpo flaco, de sus pensamientos ciegos, pero sobre todo, de sus nítidos miedos, de ésos que se acuestan en la calle sin descansar de su hambre, a ratos dormida, pero nunca muerta.
Friday, July 31, 2009
Final
Murió a las puertas de una frase, quizás de un refrán repetido hasta el hartazgo. Murió sin la agonía de los que entablan conversaciones furtivas con una voz más allá de la tarde y los altares. Murió sin la condena de las sábanas rompiendo la voluntad y el tiempo en pedacitos. Decidió que moriría con una rapidez incomparable a la tortura de nacer, con una velocidad impensable para los que esperan. Llegó con sumo sigilo. Temblaron sus piernas al posarlo sobre la banca de aquel parque desierto como lápida. Tembló su mano bajo el sol inclinado al buscar en el interior de la bolsa de papel, pero en cambio, ya no le temblaba el pensamiento que se negaba a recrear la luz y la vulgaridad de una tarde desprendiéndose de sus contornos azulados. El acero pavonado se desnudó y brilló con la pureza de un piano portátil, pero sin notas que esparcir por un aire inmóvil y cómplice, un aire expectante. La Smith & Wesson se volvió un objeto hermoso, pero al mismo tiempo más pesado con la idea a cuestas de lo que continuaría. En un segundo parecía escurrírsele la gracia del metal de entre los cabellos hacia el lado derecho de su cara más muerta que viva. Palideció su carne y la sangre lo llenó de percusiones pesadas y violentas. En eso, la síncopa de un murmullo cercano pareció manipular el dedo índice para seguir su camino hacia la nada.
Los segundos se estiraron como mapas sobre los cerros. No quiso ver la hora, ya no pudo recordar sus motivos, pero sobre todo, no pudo coincidir con el mito que compacta la vida en un instante antes del suceso final. Mentiras, la muerte es una dicha de apagar interruptores irreversibles. La muerte es que todo se vaya a la chingada, es un tronido que acaba en silencio. Con un movimiento torpe de labios intentó articular algo llamado “noche”, pero ni eso alcanzaron sus oídos a percibir. Se accionó la trampa personal. Tan sólo le llegó la carga frontal del estruendo y se le perdió el eco de su propio epílogo, un sonido que desde afuera hubiera resoplado como la secuela de una nube en plena furia descargando luces… No fue como en películas, no sucedió como en la tele. A éste, se lo llevó la chingada sin créditos finales ni músicas melosas. Al final, sólo la luna llegó a recoger los pedazos de un simple derrotero que se acabó de golpe y por la gracia de un “ya basta”. Entonces llegó la noche, democrática e impasible, y lo lavó a golpe de lluvia, tal y como se lavan todas las historias para que Dios duerma su siesta sonriente y en paz.
Wednesday, July 29, 2009
Crimen
Al verla así, tan blanca y sedentaria como en sueños, pensé en matarla... Pensé en ahorrarle los llantos de una tarde cualquiera, separada del calor y del mar, con una pena más allá de sus manos de calendario, blandas y solemnes. Sus suaves hombros me pidieron a gritos interminables que los guardara en el pleno instante de un golpe monumental, o quizás de un aniquilamiento definitivo y protector, para no pensar en el mañana ni en calles que alguna noche no tendrán letreros ni perros deambulando en busca de retornos insatisfechos… Sus ojos reclamaron ansiosamente el destierro de los oscuros relojes plagados de mañanas sabatinas sin despertares, de sombras indeseables al pie de los párpados cansados de tanta reverencia al mundo… ¡Diablos! No pensé en otra cosa que robarle los latidos con la generosidad de un crimen absoluto y silencioso, y con ello, dejar de pensar en cosméticos, revistas de moda, almacenes donde no se compran sueños, o alguna dramática cirugía reconstructiva en contra de la insensatez de un futuro hambriento de piel presente.
Quise tenerla así, intocable y precisa como jardín privado sin horizontes, como flores en plena orfandad insospechada latiendo sin la espera por los meses malditos, de ésos que anuncian las magias infecundas de un trecho nocturno a la mitad del verano lejano. Pensé (lo juro) en apartarla de las adivinanzas, de julio, de los chismes comunes, las caminatas y los abecedarios… arrancarla de la historia y posar su nuca sobre el aleteo cósmico de un solo momento congelado, ajeno, ingenuamente intrépido. Soñé un instante con regalarle el olvido por todo: espejos, combustibles, básculas, recibos, correos abyectos y los deliciosos errores geométricos de su cintura incontrolable. Quise poseerla como lectura sin comas, como el descanso mudo de una sinalefa, detenerla como una sílaba en constante repetición, como un hojear de los días y sus nubes solas, a pesar de los odios y las asfixias que el mundo cree ilícitas… quise guardarla en un puñado de soles hechos uno para que no tropezara con los tantos objetos cotidianos de la tristeza y sus monstruos sonámbulos que incendian los olores íntimos de lo perenne en habitaciones vulgares.
Intenté protegerla de los días, de las lunas, del descuido y de los crepúsculos que, como vampiros, muerden su carne agnóstica hasta la saciedad deshecha en temblores diestros y terrenales. Pude hacerlo… supe que podía hacerlo, y aunque no reía, de alguna manera logré guardarle la sonrisa inmortal y serena en la urna de mis manos rígidas como versos antiguos. En fin, quise resguardarla de todo sin esperar nada, pero a la mitad de mi tarea, se arrepintió de la inmortalidad y velozmente corrió como quien quiere vivir en la congoja de esperar la vejez, día a día… Se fue, se fue a vivir y a morir bajo la tiranía del tiempo hecho de días y semanas que en este momento seguramente le mutilan la respiración sin misericordia, de lunes a domingo.
Monday, July 6, 2009
Acción en el pretérito
Hoy colgué frente a la tarde los fuegos que tenía guardados para otro día, para otro instante de himnos y letanías redondas como planetas. Reventé los colores con la simpleza de un rumor encerrado bajo miles, millones de candados soplando la muerte de un tiempo verbal, uno de tantos que desafían la aspereza de la soledad, y que sueñan con el asomo intrínseco de una mañana disfrazada de noche ondeando cobertores húmedos.
Recorrí las infames sustancias del vacío para redimir la aguda espera de una ausencia aferrada a acantilados lejanos e irreconocibles. Miré los muros de la distancia y me cegó la verdad de los kilómetros, me condenó la mentira de los océanos tiritando mareas de un rumor sanguíneo, como si en el vaivén de las horas buscara aquello que no se encuentra ni en sueños, como si en los sueños oscilaran las horas de lo que encuentro sin buscar. A veces es tan tarde para la muerte, a veces tan pronto para la ceniza, a ratos ni siquiera es tiempo infinitamente, con la sed exhausta de tus hombros pálidos exigiendo soles, jardines y sombras que vagan por horizontes líquidos.
Arrasé cuarteles silenciosos, indefensos, de esos que yacen calcinados por la impertinencia de mis raras ideas cortadas y oscuras como callejones a medianoche pariendo borrachos y gatos. En la pausa de un siglo intenté confiscar tumultos digitales, dar muerte a una masa binaria para averiguar que mi muerte no dura tanto, que es tan sólo un sueño de horas, pero al mismo tiempo una agonía eterna de saberme aquí, en medio de la remota caída de las palabras, en la oscuridad de la frase que se disgrega en soledades infernales.
Extrañé la hazaña de internarme en el crepúsculo de tus piernas y morderte los brazos que se ensañan como hogueras por la eficacia de mi afición de hambre y rabia. Recorrí el desierto y me creí oculto de los cielos grises, de las nubes en reposo inmenso tras la confesión frenética de la lluvia imitando tus ruidos íntimos, tus fantasmas de voces atropelladas y suavecitas, pidiéndome la derrota del olvido y la furia de mis embestidas con una cadencia cómplice y definitiva. Deseé tu febril naufragio en una inmensidad de sábanas como en páginas vacías presenciando la súbita transpiración de tus manos apretando tus ansiedades, tus gemidos sin rumbo en busca de mi piel visitante que se despide con temblores de asfalto manchado por agua y arena, por los dedos del viento manejando las espumas elevadas de otra noche que se acerca a punta de estruendos y luces sin alas, pero infalibles, dispuestas a cercenar la tiniebla.
¡Qué engañosa es esta negrura incesante! ¡Qué distantes son los mares y qué lejano el sueño de las olas navegando como tribus por un espacio de amargas antigüedades! No es ésta la primera noche, no es la luna inaugural del desvarío, pero se enciende el cielo como si naciera la mitad de mi vida, como si sanara parte de tu piel en mis manos plagadas de puños y escrituras… sí, mis manos que apagan fósforos para no denunciar veladoras rodeándote en el conjuro nocturno que nos esconde de la brevedad y el silencio. Fui a enfrentar enemigos dispersos por campos solemnemente trazados a lo largo del mundo. Me marché sin saludar extranjeros mudos que no saben de la carne ni del opulento instante abrazando todos los miedos en forma de cintura suave y cálida. Salí a descifrar las señales de una noche imparable que habla con voz de trenes rompiendo tempestades. Sin buscar, encontré respuestas sincopadas contando la historia de un destino opuesto, pero a la vez idéntico a la persuasiva calma de mis tardes a solas pensando en la noche que viene… y tú… ¿adónde fuiste?
Monday, June 22, 2009
Conjetura antes de la tormenta
Y yo que creí que la noche era el escenario de mis conjuros, donde me hablan naciones desiertas y lejanas, donde una luna ecuestre salta muros en forma de cordilleras coronadas por un invierno ya extinto. Creí profundamente que la noche y yo nos enredamos en el respiro de una isotopía fugaz, pero trascendente, que mis brazos cargan constelaciones infinitas y que la noche sostiene mis manos salpicando el agua de los ríos terrenales para no olvidar lo eterno en lo breve, para recordar lo efímero en lo infinito. Me sentí distante sabiéndome aquí en el amanecer de una pesadilla cualquiera.
Yo, que creí en las andanzas de un gesto perdurable en el tiempo y en los pasillos de algún epílogo llamado sueño que fabrica ecos y almohadas. Me empeñé en descifrar velocidades y sonrisas, para no ver de cerca los trenes transitando por la tangente de un instante que se escabulle mesiánicamente hacia la nada, para no reventar el silencio del tacto antes de la lluvia, antes del encierro. Quise creer que los relámpagos buscan vorazmente la quietud del lodo para hacerlo ruido y llevarlo a la agonía, que la paradoja de la vida y la muerte, de la muerte y la vida, se resuelve en el destello que rebana las nubes y los cerros, hermanándolos en una sola cicatriz nocturna.
Quise meterme en las prisiones solemnes de la frase, de la verdad y la sintaxis errática, pero el mundo tiene sus dolores bien escondidos en la rutina y en los ojos azules de sus fantasmas mudos, en jornadas de miedo y compras, y en saludos agresores incapaces de detener los relojes.
Ahora, sólo queda esperar la tormenta que dejará despojos cristalinos y calles sordas. Sólo queda aguardar por la muerte crística de otro día, como cuando se agotan las palabras simplemente porque ha llegado el silencio puntual y unívoco a saludar a la noche.
Thursday, May 28, 2009
Noche...
Te dije que la derrota de la tarde es el refugio donde pongo a descansar mis temores cotidianos, que la simple arquitectura de tus días es la sangre y frontera de mis brazos cansados a medianoche buscando el naufragio breve de tus ojos alcalinos... Te dije que no es fácil, es más, que es imposible revivirte en los recuerdos de un pasado lleno de solsticios borrosos, lejanos y agramáticos.
Te dije mil veces que tu sonrisa de arcoiris subversivo a ratos corrige la fatal desdicha de mi ventana expectante, que los ríos flotan con tu voz de cordillera y que tus hombros magnifican la delicia de los truenos amarrados a luces vagabundas en la ausencia del sabor y el sueño.
Te lo dije, pero tu faz de amaneceres inquietos no me escuchó, no hizo caso de los verbos, de las frases y las enmiendas que adhiero a los espejos de una noche abierta.
Te dije que mientras te cuento mis andanzas se cierran los puentes entre tiempos que ya no se acuerdan de cómo ser historias interminables o tan siquiera duraderas...
Te dije eso y todo lo que se me ocurrió en el instante del tacto lejano, cuando me arrebataste las sílabas con un leve sonido de calores escritos como sábanas. Te dije... te dije mil cosas, pero no pude hacerte creer nada. No pude decirte todo porque cortaste mis palabras con tus párpados de tijeras y el acero de tu desnudez filtrada.
Te lo dije, como pude te lo dije, pero bajaste la cabeza como descendiendo el alma hacia las sombras disfrazadas de supermercado. Te dije mi historia portátil y tan sólo recibí una fragante brisa de tus labios obligándome a no decir más: "Shhhhhhh..."
Te dije mil veces que tu sonrisa de arcoiris subversivo a ratos corrige la fatal desdicha de mi ventana expectante, que los ríos flotan con tu voz de cordillera y que tus hombros magnifican la delicia de los truenos amarrados a luces vagabundas en la ausencia del sabor y el sueño.
Te lo dije, pero tu faz de amaneceres inquietos no me escuchó, no hizo caso de los verbos, de las frases y las enmiendas que adhiero a los espejos de una noche abierta.
Te dije que mientras te cuento mis andanzas se cierran los puentes entre tiempos que ya no se acuerdan de cómo ser historias interminables o tan siquiera duraderas...
Te dije eso y todo lo que se me ocurrió en el instante del tacto lejano, cuando me arrebataste las sílabas con un leve sonido de calores escritos como sábanas. Te dije... te dije mil cosas, pero no pude hacerte creer nada. No pude decirte todo porque cortaste mis palabras con tus párpados de tijeras y el acero de tu desnudez filtrada.
Te lo dije, como pude te lo dije, pero bajaste la cabeza como descendiendo el alma hacia las sombras disfrazadas de supermercado. Te dije mi historia portátil y tan sólo recibí una fragante brisa de tus labios obligándome a no decir más: "Shhhhhhh..."
Tuesday, December 23, 2008
La noche es un sótanolleno de recuerdos amontonados,
sumidos en el pasado y echados a dormir.
Es y no es...
se queja de no ser,
siendo un triste conjuro de voces negras.
La noche decapita muros,
los adhiere a un horizonte
que no deja de soplar escarchas.
se queja de no ser,
siendo un triste conjuro de voces negras.
La noche decapita muros,
los adhiere a un horizonte
que no deja de soplar escarchas.
Es noche y es un luto
colgado de horas oliendo a incienso.
Respiro,
veo una noche plagada de linternas...
se detiene, murmura,
no quiere arrodillarse.
Prefiere parpadear sus lunas
y seguir devorando carreteras.
colgado de horas oliendo a incienso.
Respiro,
veo una noche plagada de linternas...
se detiene, murmura,
no quiere arrodillarse.
Prefiere parpadear sus lunas
y seguir devorando carreteras.
Friday, June 27, 2008
El olvido
Lo que todos los demás llaman olvido, en cinco segundos se convirtió en infinita sorpresa matutina. Era nuevo el aire, la furia del sol y los aleteos del otoño. Entonces, se atrevió, navegó por una mañana de fragmentos y ruidos, donde desfilaban objetos que no permanecían en su mente. Miró gestos sin dueños, y tímidamente saludó a quienes ya no eran nada en su nuevo mundo. No se dio cuenta, pero en ese prosaico nacimiento, se quedó completamente solo… se vació de las fiestas, de las risas y los vínculos fundamentales que sostenían su narrativa personal. Era como una historia horadada por un capricho hasta vaciarse, la derrota de la inmensidad de los años ante la idea pura y vulgar de borrar todo de un solo golpe…
Pues bien, olvidó la acera, las plazas, los llamados diarios. Ya no conocía señales ni movimientos circundantes. Bajo el asalto de un asfixiante temor sintióse ignorante y ajeno a los colores, a los gestos, al espacio meciéndose en una demente espiral. Aspiró un rumor de espanto y novedades intolerables… Se negó a sí mismo la verdad del tumulto, de los edificios, de los papeles regados, de la horrenda travesía a lo largo de eso, de eso que veía, pero que no descifraba… la cuidad de antes, previa al olvido, junto a un recuerdo extinto. De pronto, se tocó con las manos trémulas para saberse nadie, para no recordarse ni en la totalidad del tacto. Y en ese olvido de sí mismo, no detuvo sus pasos ante el destello rojo que le negaba dar otro más. Apenas avanzó dos metros y miró un suelo negro con franjas amarillas. Un alarido plástico levantó su mirada hacia un cuerpo desconocido bañado en reflejos acercándose con una furia no conocida. Ignorando el castigo de la física, voló y cayó más mortal que nunca. Escuchó el quebranto de sus piernas, de sus brazos. Sintió que sus líquidos abandonaban su carne, y vio la espesa mancha de su propio ser rodando sobre el asfalto. La agonía le fracturó la respiración y los segundos.
Cerró los ojos. Con un dolor inmenso aspiró el rencor de la muerte murmurando una despedida. La negrura creciente constató el resultado: Al olvidar, borró la irrepetible fórmula del olvido con uno claro y definitivo.
Sunday, February 10, 2008
In Memoriam: Carlos Enrique (1986-2008)

¿Quién eres?
¿Dónde quedaste después
Del silencio y la distancia?...
Niño de palabras, niño
De desvelos y canciones inventadas.
Eres tú, niño,
Dueño de la risa nocturna
Haciéndose mañana,
Rebotando en la distancia
De febrero,
¿Dónde quedaste después
Del silencio y la distancia?...
Niño de palabras, niño
De desvelos y canciones inventadas.
Eres tú, niño,
Dueño de la risa nocturna
Haciéndose mañana,
Rebotando en la distancia
De febrero,
Desde una calle
hasta mi ventana...
Te quedaste y me fui;
Hoy te vas para que me quede,
Derrotando lunas y conjuros.
Duérmete niño.
Barre sombras y llévate mis manos,
Toma la luz y un enjambre de
Recuerdos a donde vayas.
Piénsame un poco, que a ratos
Te traeré a jugar
Y a dibujarme un destino
Con los crayones de
Tu voz y tu risa insolente…
Nos vemos, niño, pórtate
Bien y no llores… Mejor
Sueña, descansa que
Todo estará bien.
Te quedaste y me fui;
Hoy te vas para que me quede,
Derrotando lunas y conjuros.
Duérmete niño.
Barre sombras y llévate mis manos,
Toma la luz y un enjambre de
Recuerdos a donde vayas.
Piénsame un poco, que a ratos
Te traeré a jugar
Y a dibujarme un destino
Con los crayones de
Tu voz y tu risa insolente…
Nos vemos, niño, pórtate
Bien y no llores… Mejor
Sueña, descansa que
Todo estará bien.
Friday, November 30, 2007
Aquí
Es tarde, el sol sigue bajándose de aquel tejado de vapores grises y, sin embargo, todo sigue igual. Sentado, en esta acera se dibujan las mismas imágenes de siempre: La niña disfrutando su helado con un intenso placer que el sol de lado festeja con un rumor amarillo; el conductor emulando torpes percusiones de una melodía sobre el volante, mientras busca estacionamiento; el hombre fumando envuelto en su propia calma, sentado en la banca ancestral pintada con rastros de pájaros; el limosnero hurgando algo más que botes de basura para encontrar la raíz mínima de un sustento mediante sobras colectivas…
Es extraño, hay fantasmas que parecen personas, hay líneas que parecen edificios y calles, también hay sombras que parecen colores, como los objetos perdidos que, una vez recuperados no vuelven a ser los mismos. Hay una muerte que envuelve el tiempo de las presencias terrenales para que no se confundan con las ausencias, las ausencias que me tienen aquí, revisando movimientos ajenos, explorando los costados del ocaso, borrando soles y arando cielos para sembrarlos de estrellas. Las horas vuelan en su intacto golpeteo, y un octubre común y corriente, pero eterno a la vez controla un par de pensamientos y dos sueños, de esos que uno guarda para no olvidarse tanto de las despedidas necesarias.
Estoy pensando en todos, en aquéllos que se han ido, en los que no están y tardan tanto en regresar. Pienso en aquéllos, los que a la voz de un silencio de deseos comprimidos emprendieron marchas engendrando pasos, como enjambres ondulantes… pienso en sus travesías moribundas, en sus descansos mínimos, pero, sobre todo, en sus imágenes con colores de no retorno, poblando corredores perdidos entre millones de intentos. Sus huidas son prisas pero en lentos impulsos que recrean el miedo de los estáticos, ondulando pañuelos secos para no perecer en la prolongación de una despedida inevitable. Pienso en los huecos dejados en las calles, en las plazas, en las manos de quienes no saludan llegadas… Tengo que pensar, sin embargo, en razones y no necesidades, tengo que mirar la verdad de un rompimiento, la debilidad de hilos que no soportan el placer perverso de la fuerza en movimiento, alejándose, buscando luces y acantilados remotos.
Acuden a mi recuerdo los que en un parpadeo tardaron en responder a llamados simples. Aquéllos guardados en sueños blanquecinos, en cajas labiales que repiten nombres borrados por los meses. Llegan miles de imágenes de los que se creen vivaces, pero que no tienen remedio y descienden por pasillos sordos, viviendo la alegría horizontal que entristece a los vivos. Pienso en los que duermen sin almohadas, sin necesidad de mantas y sin la preocupación del canto matutino. Pienso en los que rompen el alba y la noche con un verbo de locura quieta, los que desafían al tiempo para pasar las horas con un pasatiempo eterno. Me pregunto en dónde perdieron el último segundo de un quehacer inventado, me pregunto por qué se les niega el movimiento si aún son nombres, todavía miran algo más que bancos, tiendas y libros cotidianos.
Sigo esperando, sigo en calma mirando alrededor buscando una silueta, un gesto que rompa la monotonía de los muros en silencio. Aguardo a todos y a ninguno, a todos ellos, los unos itinerantes, los otros dormidos, taladro el aire con los ojos congelados en la espera y en la seguridad de mis teatros privados, en donde los convoco a reinventar la existencia, a reelaborar el sentido del sinsentido. Miro una tarde que ahora miente, y en una escenificación inquisidora descubro quizás la imposibilidad del retorno, o aún peor, la imposibilidad del inicio en todo. Esperaré, tal vez, hasta que tenga que esperar, perdiéndome en la perversidad de las calles tragadas por sus puntos de fuga, manchadas por espaldas que emprenden las formas de su propio destierro y por un momento me dejan solo aquí, en este pequeño universo que parece acera, donde aún no llegan los ausentes, aquellos que se han ido y… ¡Dios, cómo tardan en volver!... me pregunto cuándo los veré de nuevo…
Tuesday, September 4, 2007
Lo matutino
La mañana
Dormitando… y
Tú,
Inmersa en el odio
Del calor
Que se le escapa
A septiembre…
Ya es
Otro día
Inmerso en mares
De cartón
Y pulmonías
Del aire gris
En acrobacias
Manifiestas.
La tarde
Espera
Duelos, avispas y
Maniobras
De los cerros
Devorando
Luces que se cruzan
Con vapores
Flotantes
La noche
Demora
En expandirse, en abrir
Bares y
Extinguir
Caminos…
Aunque… pensándolo bien,
No es tan tarde, no es
Tiempo
De truenos
Ni de pasos
Para una
Mañana
Que sueña
Y no despierta.
Dormitando… y
Tú,
Inmersa en el odio
Del calor
Que se le escapa
A septiembre…
Ya es
Otro día
Inmerso en mares
De cartón
Y pulmonías
Del aire gris
En acrobacias
Manifiestas.
La tarde
Espera
Duelos, avispas y
Maniobras
De los cerros
Devorando
Luces que se cruzan
Con vapores
Flotantes
La noche
Demora
En expandirse, en abrir
Bares y
Extinguir
Caminos…
Aunque… pensándolo bien,
No es tan tarde, no es
Tiempo
De truenos
Ni de pasos
Para una
Mañana
Que sueña
Y no despierta.
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